En la última década, hemos sido testigos del auge de la llamada «sueroterapia» o infusiones intravenosas (IV) de vitaminas y minerales. Lo que comenzó como un tratamiento reservado para entornos hospitalarios se ha trasladado a «clínicas de bienestar», spas y servicios a domicilio, bajo la promesa de curar la resaca, potenciar el sistema inmune o retrasar el envejecimiento. Sin embargo, como médico con mas de 20 años de trayectoria en salud pública, es mi deber señalar que la brecha entre el marketing y la evidencia científica es, en este caso, preocupante.
El auge sin evidencia: ¿Es realmente necesario?
El cuerpo humano es una máquina biológica altamente eficiente. En individuos sanos que mantienen una dieta equilibrada, el sistema digestivo es la vía natural y segura para absorber nutrientes. Cuando ingerimos vitaminas por vía oral, el organismo regula su absorción y excreta el exceso. Al inyectarlas directamente en el torrente sanguíneo, saltamos estos mecanismos de control.
La literatura científica actual es clara: no existe evidencia robusta que demuestre que las infusiones de vitaminas en personas sanas mejoren la salud a largo plazo, prevengan enfermedades crónicas o detengan el deterioro celular. La sensación de «energía» que muchos pacientes reportan suele ser un efecto placebo o el resultado de la rehidratación rápida, la cual podría lograrse simplemente bebiendo agua.
Los riesgos reales: Más allá de un pinchazo
La administración de sustancias por vía intravenosa no es un procedimiento trivial. El caso mencionado en las noticias de Sonora, México, donde se investigan fallecimientos tras la aplicación de estos sueros, subraya riesgos que la salud pública no puede ignorar:
1. Infecciones y sepsis: Cualquier ruptura de la barrera cutánea con una aguja puede introducir patógenos. Si el lugar no cumple con normas estrictas de asepsia, el riesgo de una infección sistémica es real.
2. Flebitis: La inflamación de las venas por la irritación de los compuestos inyectados.
3. Toxicidad por Vitaminas: Vitaminas como la A, D, E y K son liposolubles y pueden acumularse en niveles tóxicos. Incluso las hidrosolubles, en dosis masivas, pueden sobrecargar la función renal.
4. Reacciones alérgicas y anafilaxia: El riesgo de una respuesta alérgica grave es mayor cuando la sustancia entra directamente al flujo sanguíneo, pudiendo comprometer la vida en minutos si no hay equipo de reanimación presente.
¿Cuándo es realmente beneficiosa la sueroterapia?
No debemos descartar la terapia intravenosa como herramienta médica; es vital, pero debe ser prescrita y supervisada por un profesional bajo criterios clínicos específicos. Los ejemplos donde tiene un beneficio real incluyen:
- Malabsorción severa: Pacientes con enfermedades gastrointestinales (como Crohn o tras cirugías bariátricas) que no pueden absorber nutrientes por vía oral.
- Deshidratación clínica: Casos graves por cólera, dengue o agotamiento por calor donde la vía oral es insuficiente.
- Deficiencias vitamínicas diagnosticadas: Por ejemplo, anemias severas que requieren hierro intravenoso o deficiencias críticas de vitamina B12.
- Cuidados paliativos o pacientes críticos: Donde la nutrición parenteral es la única vía de soporte vital.
Recomendaciones para la población
Para concientizar sobre el uso adecuado de tratamientos preventivos y curativos, recomiendo lo siguiente:
1. Desconfíe de las soluciones mágicas: Si un tratamiento promete «curarlo todo» sin necesidad de exámenes previos, probablemente carezca de base científica.
2. Consulte a un médico idóneo: Antes de someterse a cualquier tratamiento intravenoso, pregunte: «¿Cuál es mi déficit diagnosticado? ¿Por qué no puedo tomar esto por vía oral?».
3. Verifique el establecimiento: Asegúrese de que el lugar cuente con permisos sanitarios vigentes y personal de salud capacitado para manejar emergencias.
4. Recuerde los pilares de la salud: La verdadera prevención no viene en una bolsa de suero de 500ml; reside en una nutrición balanceada, actividad física regular, sueño reparador y controles médicos preventivos.
La medicina debe basarse en la necesidad y la evidencia, no en el consumo. Inyectarse sustancias innecesarias no es un acto de salud, sino un riesgo innecesario. Cuidar la vida implica, ante todo, respetar la integridad de nuestro organismo y no exponerlo a peligros bajo el disfraz del bienestar.
*Medico Salubrista y Epidemiólogo. Jefe del Departamento de Salud y Atencion Integral de la Población MINSA. Director Médico en MiniMed Corp.





