
Israel H. Cedeño-González*
En un mundo donde el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) sigue representando un desafío global para la salud pública, Panamá no es la excepción. Con miles de nuevos casos diagnosticados anualmente, es imperativo que como sociedad prioricemos no solo la detección temprana, sino también estrategias preventivas robustas que empoderen a las personas a tomar control de su salud. Creo firmemente que la promoción de estilos de vida saludables y relaciones sexuales seguras debe ser el pilar de nuestra lucha contra esta epidemia. Sin embargo, en un panorama donde los accidentes y exposiciones inesperadas ocurren, la Terapia Post-Exposición (PEP) emerge como una herramienta indispensable, actuando como una red de seguridad que puede prevenir el contagio y salvar vidas. Es hora de que esta opción sea más conocida y accesible, integrándola en un enfoque integral de prevención.
La base de la prevención: estilos de vida saludables y relaciones sexuales seguras
La prevención del VIH comienza con la educación y el empoderamiento individual. Un estilo de vida saludable no solo fortalece el sistema inmunológico, sino que reduce riesgos asociados a comportamientos que facilitan la transmisión. Esto incluye una alimentación equilibrada, ejercicio regular, evitar el consumo excesivo de alcohol y drogas, y manejar el estrés, ya que estos factores pueden llevar a decisiones impulsivas que aumentan la vulnerabilidad.
Pero el núcleo de la prevención radica en las relaciones sexuales seguras. El uso consistente de condones sigue siendo la barrera más efectiva contra el VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Combinado con pruebas regulares de VIH –recomendadas al menos una vez al año para personas sexualmente activas, y más frecuentemente para grupos de alto riesgo como hombres que tienen sexo con hombres (HSH), trabajadoras sexuales o parejas serodiscordantes– forma una estrategia poderosa. Además, la Profilaxis Pre-Exposición (PrEP), disponible gratuitamente en centros del Ministerio de Salud (MINSA) como los de El Chorrillo, Santa Ana y otros, ofrece protección adicional para quienes mantienen riesgos continuos. Esta medicación diaria reduce drásticamente el riesgo de infección, pero no reemplaza el condón, que también previene otras ITS como gonorrea o sífilis.
Promover estos hábitos no es solo una cuestión médica; es un imperativo social. En Panamá, donde el estigma alrededor del VIH persiste, campañas educativas deben enfocarse en desmitificar la enfermedad, fomentando diálogos abiertos en escuelas, comunidades y medios digitales. Imaginen un país donde las pruebas de VIH sean tan rutinarias como un chequeo anual: esto no solo detectaría casos tempranos, permitiendo tratamientos que hacen la carga viral indetectable e intransmisible, sino que normalizaría la salud sexual como parte integral del bienestar.
La PEP: ¿Qué es y por qué es tan importante?
A pesar de todas las precauciones, nadie está exento de una exposición accidental al VIH, ya sea por una relación sexual sin protección, un accidente laboral (como en personal de salud) o violencia sexual. Aquí es donde la PEP brilla como una intervención de emergencia. La PEP consiste en un régimen de medicamentos antirretrovirales –generalmente una combinación como Tenofovir, Lamivudina y Dolutegravir– que se administra por vía oral durante 28 días para bloquear la replicación del virus en el cuerpo. Debe iniciarse idealmente dentro de las primeras 2 horas posterior a la exposición, y nunca más allá de las 72 horas, para maximizar su efectividad, que puede superar el 80% si se completa con adherencia estricta.
Su importancia radica en que actúa como un «botón de emergencia» en la prevención combinada. No es un sustituto de las medidas preventivas diarias, pero ofrece una segunda oportunidad en situaciones de alto riesgo, como una rotura de condón con una pareja de estatus desconocido o una agresión sexual. En contextos como Panamá, donde la prevalencia de VIH en poblaciones clave es elevada, la PEP no solo previene infecciones individuales, sino que contribuye a reducir la transmisión comunitaria, alineándose con metas globales de ONUSIDA para eliminar el VIH como amenaza pública para 2030. Ignorar su promoción equivaldría a dejar desprotegidas a miles de personas en momentos de vulnerabilidad, perpetuando ciclos de infección y estigma.
¿Cómo adquirir la PEP en Panamá?: acceso y procedimiento
En Panamá, el acceso a la PEP está regulado por el MINSA a través de guías oficiales, asegurando que sea gratuita en el sistema público. Se puede obtener en servicios de emergencias de hospitales y centros de salud, clínicas de Tratamiento Antirretroviral (CTARV), clínicas amigables para poblaciones clave, o en la Caja de Seguro Social (CSS). Para exposiciones ocupacionales, se accede vía clínicas de salud laboral; en casos de violencia sexual, es obligatoria su oferta inmediata, junto con profilaxis para otras ITS y apoyo psicológico.
El procedimiento es sencillo pero urgente: acude de inmediato a una emergencia o clínica especializada. Un médico evaluará el riesgo mediante historia clínica, examen físico y pruebas rápidas (VIH, hepatitis, etc.), clasificándolo como sustancial, intermedio o bajo. Si se indica PEP, se prescribe sin demora, incluso si algunas pruebas están pendientes. Incluye orientación sobre adherencia, efectos secundarios (como náuseas) y uso de condones durante el tratamiento. El seguimiento es clave: visitas a los 30 y 90 días para pruebas confirmatorias y cierre del caso si resulta negativo.
Lamentablemente, el conocimiento sobre la PEP es limitado, lo que retrasa su uso. Trabajemos para que el MINSA y la CSS expandan campañas digitales y capaciten a más personal en regiones rurales, asegurando disponibilidad 24/7. Además, el sector privado debe integrarse para cubrir a quienes no acceden al público, aunque en muchos casos el seguro lo cubre.
Un llamado a la acción: prevención integral para un Panamá saludable
La PEP no es solo un tratamiento; es un símbolo de resiliencia y avance médico que complementa la prevención primaria. Al promover estilos de vida saludables, sexo seguro y acceso oportuno a herramientas como la PEP, podemos transformar la narrativa del VIH en Panamá de una de miedo a una de control y esperanza. Insto a los medios, educadores y policymakers a amplificar esta información: cada persona informada es una infección prevenida. Si has tenido una exposición reciente, no esperes y busca ayuda inmediata. Juntos, hagamos del VIH una enfermedad del pasado.
*Médico epidemiólogo y salubrista. Jefe del depto de Salud y Atención integral de la población-MINSA. Director médico en MiniMed Corp.



