
REDACCIÓN | Panamá en Directo
Panamá | agosto 10, 2026Escucha este artículo
Panamá en Directo | Venezuela abre una nueva negociación política con Estados Unidos como árbitro
Venezuela entró el pasado jueves 6 de agosto en una nueva etapa de negociación política. Representantes del chavismo y de la oposición comenzaron conversaciones dirigidas a establecer las condiciones para unas futuras elecciones, en un proceso que tiene a Estados Unidos como principal impulsor y supervisor.
A diferencia de los numerosos intentos de diálogo desarrollados durante las últimas dos décadas, esta negociación parte de un escenario político distinto y con una participación mucho más directa de Washington.
La mesa se instaló en el Centro de Convenciones de La Carlota, ubicado dentro de una base militar en Caracas, y posteriormente trasladó sus sesiones al hotel Meliá. Las delegaciones se mantienen en sesión permanente y tienen previsto continuar trabajando hasta el miércoles.
Por la oposición, una de las figuras centrales es Dinorah Figuera, dirigente de Primero Justicia y presidenta desde 2023 de la comisión delegada de la Asamblea Nacional electa en 2015. Figuera regresó a Venezuela después de más de siete años en el exilio y participa como interlocutora frente al chavismo, representado, entre otros, por el presidente de la actual Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.
Washington marca los tiempos
El papel de Estados Unidos constituye una de las principales diferencias frente a negociaciones anteriores.
Funcionarios estadounidenses acompañan directamente el proceso y la Administración del presidente Donald Trump ha establecido una hoja de ruta que contempla varias etapas: estabilización, recuperación, transición y reconciliación política.
Según los plazos que han trascendido, para octubre se espera avanzar en la restitución de derechos políticos y en la habilitación de partidos intervenidos judicialmente. En noviembre estaría prevista la conformación de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y para diciembre la renovación del Consejo Nacional Electoral.
Estos cambios institucionales serían parte de las condiciones necesarias para avanzar posteriormente hacia un calendario electoral que podría incluir comicios regionales, parlamentarios y presidenciales.
El proceso ocurre en un contexto político completamente diferente al de negociaciones anteriores, luego de la captura en enero del expresidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes permanecen encarcelados en Nueva York, y de la llegada de Delcy Rodríguez al poder.
Primeras señales
Mientras avanzan las conversaciones, ya comienzan a registrarse decisiones que podrían estar relacionadas con el nuevo escenario político.
El viernes, la jueza María Lourdes Afiuni recibió libertad plena y el cierre definitivo de su caso después de 16 años de un proceso ampliamente cuestionado por organizaciones defensoras de derechos humanos.
Aunque la liberación de todos los presos políticos no aparece formalmente como uno de los puntos de la agenda, el tema forma parte de las conversaciones y constituye una de las principales demandas de los sectores opositores.
La expectativa está centrada ahora en determinar si esta negociación logra producir resultados concretos. Venezuela acumula al menos 17 iniciativas de diálogo durante más de dos décadas, sin que los acuerdos alcanzados consiguieran modificar de manera definitiva las condiciones políticas y electorales del país.
María Corina Machado queda fuera de la mesa
Uno de los aspectos más controvertidos del nuevo proceso es la ausencia de María Corina Machado, principal figura de la oposición venezolana.
Machado había intentado posicionarse al frente de una eventual negociación. En mayo, representantes de buena parte de la oposición firmaron en Panamá un acuerdo que la designaba para encabezar las conversaciones con el Gobierno de Delcy Rodríguez.
Sin embargo, Washington terminó respaldando una estructura diferente y colocó a la Asamblea Nacional de 2015 como uno de los principales vehículos institucionales para representar a la oposición.
La decisión generó cuestionamientos dentro de sectores opositores, aunque hasta ahora no se ha traducido en un rechazo abierto a la negociación.
Machado ha reconocido que no fue consultada sobre la conformación de la mesa, pero ha señalado que su movimiento no será un obstáculo si las conversaciones producen avances hacia elecciones libres y condiciones institucionales equilibradas.
Otros dirigentes cercanos a ella han adoptado una posición similar. La dirigente Delsa Solórzano sostuvo que los resultados, más que las declaraciones, serán los que permitan evaluar el proceso.
Una transición basada en las instituciones
La estrategia estadounidense parece concentrarse inicialmente en reconstruir instituciones capaces de sostener posteriormente un proceso electoral.
Paola Bautista de Alemán, vicepresidenta de Formación de Primero Justicia e investigadora especializada en transiciones políticas, considera que Washington está impulsando una salida fundamentada principalmente en la institucionalidad.
Ese enfoque explica el rescate del papel de la Asamblea Nacional elegida en 2015, último Parlamento en el que la oposición obtuvo una amplia mayoría y que durante años mantuvo una estructura reducida en el exterior.
La actual Asamblea Nacional también tendrá un papel relevante, debido a que varios de los acuerdos alcanzados deberán pasar por el Parlamento para su validación.
Antes de los terremotos registrados en junio, los diputados habían comenzado además el proceso de evaluación de candidatos para ocupar cargos en distintas instituciones. Más de 500 personas presentaron credenciales y alrededor de 50 habían sido entrevistadas.
Una negociación decisiva
La oposición venezolana observa el proceso con cautela. Después de años de negociaciones fallidas, existe conciencia sobre la fragilidad de la nueva mesa y sobre el peso que tendrá Washington para garantizar el cumplimiento de los acuerdos.
Al mismo tiempo, dirigentes opositores consideran que el escenario abierto después de la salida de Maduro representa una oportunidad que difícilmente podrá repetirse.
El objetivo final sigue siendo el mismo que ha marcado buena parte de la disputa política venezolana durante los últimos años: reconstruir las garantías institucionales y electorales necesarias para que los venezolanos puedan escoger nuevamente a sus autoridades mediante elecciones consideradas libres y competitivas.
Esta vez, sin embargo, el proceso tiene una diferencia fundamental: Estados Unidos no participa únicamente como facilitador. Washington ha diseñado la hoja de ruta, supervisa las conversaciones y concentra buena parte de la capacidad de presión para que los acuerdos se conviertan en hechos.




