Sin conferencias de prensa: Panamá pierde un canal de comunicación directa con el presidente

Las conferencias de prensa panama mulino fueron eliminadas. Periodistas analizan si fue decisión acertada o retroceso para la libertad de prensa y comunicación estatal.
Sin conferencias de prensa: Panamá pierde un canal de comunicación directa con el presidente

REDACCIÓN | Panamá en Directo

Panamá | septiembre 14, 2026 06:08 UTC-5
PANAMA EN DIRECTO - Sin conferencias de prensa: Panamá pierde un canal de comunicación directa con el presidente

Hace poco más de una semana, el gobierno del presidente José Raúl Mulino tomó una decisión que ha generado debate intenso entre periodistas, analistas políticos y comunicólogos: eliminar las conferencias de prensa panama mulino que se realizaban cada jueves en Palacio Presidencial. Lo que comenzó como un ejercicio de apertura y diálogo directo con los medios terminó abruptamente, dejando un vacío de comunicación que expone tensiones profundas sobre cómo debe funcionar la relación entre el Estado y la prensa en tiempos modernos.

En el análisis que realizó el equipo de Panamá en Directo este viernes 11 de septiembre, los periodistas Icar Reyes y Gonzalo Lázaro, junto con el analista político Cabrera, diseccionaron no solo la decisión en sí, sino las dinámicas que la rodearon. Y lo que emergió fue una conversación incómoda sobre la doble moral panameña, el rol de la prensa, y qué significa realmente comunicar en un gobierno.

El formato que generó más ruido que noticias

Las conferencias de prensa panama mulino tenían un formato peculiar. El presidente llegaba, hacía una declaración inicial, y luego respondía preguntas de los periodistas. Pero aquí está el nudo: mientras el gobierno presentaba logros, proyecciones y avances en infraestructura, seguridad y economía, la cobertura mediática se enfocaba en las reacciones del mandatario. Su tono, sus respuestas cortantes, sus gestos. El mensaje se eclipsaba por la personalidad.

«Llegaron a una conclusión: se daban informaciones semanales de avances, de logros, de objetivos, de proyecciones. Y al día siguiente, lo que era noticia era el güevonele, como tú dices, era el güevonele», explicó uno de los analistas durante la transmisión. En otras palabras, los periodistas, haciendo su trabajo, tiraban del hilo de la personalidad del presidente porque sabían que eso generaba titulares. Y funcionaba.

Pero eso también significaba que los temas sustantivos—ampliación de corredores, proyectos de infraestructura, políticas públicas—quedaban en segundo plano. El espectáculo superaba la sustancia.

¿Quién decidió realmente eliminar las conferencias?

La pregunta que nadie responde directamente es: ¿fue decisión del presidente o presión de sus asesores? Según fuentes citadas en el programa, alguien le dijo a Mulino que dejara de hacer conferencias porque «sacar su cabeza» significaba un golpe a su gestión. Que mejor agacharse, que mejor ausencia, que mejor dejar que otros hablen.

Pero aquí viene la paradoja que Icar Reyes señaló con claridad: «El quitar la cabeza o agachar la cabeza o pecho a tierra o ausentarse. Eso no va a jamás, por nada del mundo, a eliminar los cuestionamientos». Los medios van a seguir preguntando. Las redes sociales van a seguir cuestionando. El silencio no resuelve nada; solo crea un vacío que otros llenan.

Y ese vacío es peligroso. Porque cuando no hay comunicación oficial clara, la narrativa la arman otros. Los críticos, los opositores, los que tienen una agenda. El gobierno pierde el control de su propia historia.

El debate sobre la comunicación estatal que nadie quiere tener

Lo interesante del análisis fue que los periodistas reconocieron algo incómodo: durante esas conferencias, ellos mismos hicieron preguntas que sabían generarían reacciones. Icar Reyes fue honesto al respecto. «A mí me gustaban porque hacía vida social. Me encontraba con viejos amigos del periodismo que no tenía tiempo. Nos sentábamos a echar cuento». Pero también estaban trabajando. Hacían preguntas que generaban noticias.

Gonzalo Lázaro cuestionó esa honestidad. «¿Usted llegaba y se sentaba ahí y que yo soy la cosota? Nadie me merece». Pero luego reconoció que ambos periodistas, en sus respectivos momentos, «generaron noticias aquí y en otros medios» con sus preguntas. Las zapatillas rojas de Icar hicieron titular. Eso es periodismo.

El problema real, según el análisis, no era la conferencia en sí. Era que el formato permitía que la personalidad del presidente opacara la gestión. Y cuando alguien sugirió eliminarlas, nadie pensó en un plan B, un plan C de cómo comunicar lo que el gobierno estaba haciendo.

La responsabilidad de comunicar recae en todos

Cabrera, el analista, fue directo: «Parte de que no se hagan es responsabilidad de ustedes los medios. Parte. La otra parte es responsabilidad del presidente y el equipo de la presidencia». Porque sí, los periodistas tienen que fiscalizar, preguntar, cuestionar. Pero el gobierno también tiene la obligación de comunicar sus logros, sus proyectos, su visión.

Y aquí está el problema: sin las conferencias de prensa, ¿quién comunica? ¿La Secretaría de Comunicación del Estado? Pero esa oficina no tiene la credibilidad que tiene el presidente hablando directamente. ¿Los ministros? Algunos lo hacen bien—Juan Carlos Navarro en Ambiente publica todos los días. Tut León, la vocera, tiene manejo. Pero no es lo mismo que el presidente.

«Cuando tú eliminas esto tienes que tener otra un plan A, plan B, plan C de cómo vas a comunicar las cosas. Porque de lo contrario, si entras en una espiral de incomunicación. Comienza a producir un vacío de poder», advirtió uno de los analistas.

El caso de la gerente de ENA: cuando el morbo gana

Durante la transmisión, surgió un ejemplo que ilustra perfectamente el problema. La gerente de la Empresa Nacional de Autovías fue a la Comisión de Presupuesto a hablar sobre ampliación de corredores norte y sur, proyectos de inversión, viabilidad técnica. Temas sustantivos. Pero el medio que cubrió la noticia se enfocó en su salario: $5,000 mensuales, seguro privado, dietas de junta directiva.

«La noticia para la prensa es que cuando le preguntaron el salario cuánto es que es. Cuánto es que es es es el tema de la prensa», criticó Cabrera. «Y hay que reconocer que allí hay un problema en el periodismo de este país».

¿Cuál es el problema? Que la apuesta es por el morbo. Que la gente se empute con los salarios de los funcionarios. Pero eso tiene consecuencias. «Entonces no te quejes cuando en este propio gobierno o en los que vengan haya que buscar los que están dispuestos a ganar $1,500 por ser gerente de ENA y después te estallan los escándalos que salen por allí de malas administraciones».

Es un círculo vicioso. Si avergüenzas a los funcionarios por ganar un salario competitivo, terminas contratando gente menos calificada. Y luego te sorprende que haya corrupción, ineficiencia, malas decisiones.

¿Retroceso o ajuste necesario?

Icar Reyes fue claro en su posición: «Para mí es un retroceso para la libertad de prensa. El hecho que no se haya dejado la conferencia de prensa». Porque durante cinco años con Laurentino Cortizo, no hubo comunicación. Llegó Mulino diciendo que habría diálogo directo. Y luego se acabó.

Pero Cabrera argumentó que el problema no era la conferencia en sí, sino el formato. «El problema era el formato de la conferencia de prensa. Esa conferencia de prensa hubiese sido desde el inicio: el presidente da el mensaje que quería darle al país, y se retira. Para que los ministros salieran a responder las preguntas».

Es un punto válido. Porque así, la noticia sería sobre la gestión, no sobre la personalidad del presidente. Pero eso requeriría que los ministros estuvieran preparados, dispuestos, y que el presidente confiara en ellos. Y eso no siempre sucede.

El silencio no es solución

Lo que quedó claro en el análisis es que eliminar las conferencias no resuelve nada. Los cuestionamientos van a seguir. En redes sociales, en otros medios, en la calle. Lo que cambió es que ahora no hay un canal oficial donde el presidente pueda responder directamente.

Y eso es un problema para la democracia. Porque la comunicación es poder. Cuando el gobierno no comunica, pierde el control de la narrativa. Y cuando pierde el control de la narrativa, otros la arman. A veces, con información incompleta. A veces, con intenciones políticas.

Las conferencias de prensa panama mulino no eran perfectas. Generaban ruido. Pero también generaban información. Ahora, en su ausencia, lo que queda es un vacío. Y en política, los vacíos se llenan solos.


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