REDACCIÓN | Panamá en Directo
Panamá | abril 17, 2026
Jaime Barroso llegó al Tribunal Electoral con una promesa clara: garantizar que las próximas elecciones sean no solo honestas y libres, sino creíbles. En su primera entrevista tras ser elegido magistrado por la Asamblea Nacional, el abogado panameño de 35 años enfatizó que de poco sirve una elección transparente si la población no confía en los resultados.
«Para mí no tiene mucho sentido que una elección sea honesta y libre si la población no creyó que los resultados son los que fueron», afirmó Barroso en conversación con Edwin Cabrera a través de Arcamidia. Su énfasis en la credibilidad como pilar fundamental refleja una preocupación que trasciende lo técnico: la legitimidad del proceso electoral mismo.
La polémica de los votos y el «ungido»
Barroso tuvo que aclarar una frase que generó especulación en redes sociales. Cuando se le preguntó si tenía los votos para ser elegido, respondió afirmativamente. Esa respuesta fue interpretada por algunos como arrogancia o como evidencia de que era «el seleccionado del Ejecutivo». El magistrado electo rechazó ambas lecturas.
«No fue un acto de soberbia ni fue un acto de querer dar a entender otras cosas que no fueron», explicó. Según su relato, había conversado con el 80% de los diputados de todas las bancadas antes de la votación, lo que le permitió sentir que contaba con el apoyo necesario. Sin embargo, los números finales cuentan otra historia: obtuvo solo tres votos de la bancada Vamos (Samaniego, Zamora y Bloise), lo que generó lo que Barroso describió como una «hecatombe» interna en esa agrupación.
Cuando se le preguntó directamente si había hablado con toda la bancada Vamos, admitió que no. Intentó coordinar con el jefe de bancada, quien le pidió esperar hasta el 20 del mes. Logró conversar con seis o siete diputados de forma individual, pero claramente eso no fue suficiente para consolidar un bloque.
¿Qué pidió el PRD a cambio?
Una de las preguntas más incisivas fue sobre el costo político de su elección. El PRD, históricamente, no otorga votos sin contrapartida. Barroso fue directo: «A mí no me pidió nada, salvo la garantía de que las elecciones van a ser honestas».
Según su versión, diputados de varias bancadas —no solo del PRD— le hicieron la misma petición: que no permitiera que les robaran las elecciones. Su respuesta fue categórica: «No permitiré que te roben las elecciones a ti ni a nadie, porque yo no llegué para ser cómplice de nada ni de nadie en el tribunal electoral».
Las reformas electorales: terreno minado
El tema más delicado de la entrevista fue el de las reformas al Código Electoral que se discuten para las elecciones de 2029. Aquí, Barroso mostró una cautela estratégica: evitó comprometerse públicamente con posiciones que luego tendría que debatir con los otros dos magistrados del tribunal.
Se le preguntó sobre varios puntos específicos: la eliminación de los circuitos plurinominales, la regulación del voto plancha, la renuncia tácita de miembros de partidos que firmen por candidatos independientes, y el aumento de firmas requeridas para que un independiente se postule.
En cada caso, Barroso respondió con la misma fórmula: está analizando, necesita hablar con los otros magistrados, y no quiere «adelantarse a los hechos» porque eso podría comprometerlo después. «Sobre hechos concretos que ya existen en el código electoral o van a existir luego las reformas, yo no puedo exteriorizar desde ahora una opinión porque puedo ser vetado para opinar después sobre eso», explicó.
Sin embargo, sí ofreció algunos criterios generales. Sobre el voto plancha, que se extendió en las últimas elecciones, dijo que «hay que reglamentarlo» y que las reformas electorales ya lo están tocando. Pero aclaró un punto crucial: el Tribunal Electoral solo emite sugerencias; es la Asamblea Nacional, con sus 71 diputados, quien decide qué entra en la ley final.
La tensión entre partidos e independientes
Uno de los debates más complejos que enfrentará Barroso es el de los candidatos de libre postulación (independientes). Varias bancadas, como Vamos, están presionando para cerrar espacios a esta figura. Se le preguntó si estaba de acuerdo con el aumento de firmas requeridas para que un independiente se postule.
Barroso no respondió directamente. Insistió en que está analizando el tema con expertos en derecho electoral y que primero necesita consenso con los otros magistrados. Pero reconoció la complejidad: «Las reformas al código electoral deben ser unas reformas donde todos nos sintamos satisfechos».
Cuando se le señaló que el magistrado Juncaliente había sido crítico con los partidos políticos por votar a favor de estas restricciones, Barroso elogió el trabajo de su colega pero aclaró que tienen «criterios y enfoques diferentes» en algunos aspectos. No es una crítica velada; es una advertencia de que el tribunal no será monolítico.
El organismo colegial y sus límites
Un punto que Barroso enfatizó varias veces es que el Tribunal Electoral es un organismo colegial. Las decisiones se toman por unanimidad o por mayoría de dos de tres magistrados. Uno representa al Ejecutivo, otro al Judicial, y otro al Legislativo. Esto significa que, aunque Barroso tenga opiniones personales, sus decisiones finales serán el resultado de negociaciones internas.
Esto también explica su cautela. No quiere quedar atrapado entre sus convicciones personales y las presiones políticas que enfrentará una vez que se siente en el tribunal en enero de 2027.
La credibilidad como misión
Lo que quedó claro en la entrevista es que Barroso entiende su rol como una misión de restauración de confianza. Las elecciones panameñas han estado marcadas por la desconfianza, los cuestionamientos y, en algunos casos, acusaciones de fraude. Su compromiso es que eso cambie.
«Lucharé en conjunto con los otros dos magistrados para lograr o recobrar esa credibilidad de la población y cuando se anuncien resultados sean creíbles, además de todas las otras características que tiene que debe tener», dijo.
Esa es su promesa. Si la cumple, podría ser el legado de su gestión. Si no, será recordado como otro magistrado que llegó con buenas intenciones pero que fue capturado por las dinámicas políticas que pretendía evitar.





