
Israel H. Cedeño-González
Mientras los titulares internacionales y los presupuestos de emergencia de los Ministerios de Salud se concentran con justa razón en contener el explosivo resurgimiento del sarampión —que acumula su mayor brote continental en los últimos 22 años— y las oscilaciones del dengue, dos crisis estructurales avanzan sin hacer ruido. Su falta de espectacularidad mediática las condena al sótano de las prioridades políticas, pero su impacto potencial a largo plazo representa una amenaza de categoría catastrófica para los sistemas sanitarios de la Región de las Américas: la pérdida de eficacia de la arquitectura antimicrobiana y el persistente estancamiento en la erradicación de las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).
Esta paradoja de la gestión sanitaria —atender lo urgente postergando lo importante— está configurando un escenario de alta vulnerabilidad. A continuación, analizo con datos epidemiológicos verificables la magnitud de esta doble amenaza invisible, su distribución geográfica y el papel que juega Panamá como termómetro logístico y epidemiológico de la región.
1. La Resistencia Antimicrobiana (RAM): El colapso silencioso de la medicina moderna
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogan a la RAM no como una crisis del futuro, sino como una «pandemia instalada». El uso desmedido, la automedicación sistemática y la presión selectiva ejercida por el uso de antibióticos en la industria agropecuaria han acelerado los mecanismos evolutivos de las bacterias, superando con creces el ritmo de desarrollo de nuevas moléculas terapéuticas.
Estadísticas de impacto continental
- Mortalidad atribuible: Los modelos estadísticos globales estiman que la RAM provoca directamente cerca de 1.27 millones de muertes anuales a nivel mundial, de las cuales la Región de las Américas aporta una cuota desproporcionada debido a la libre venta de antimicrobianos en canales informales en múltiples subregiones.
- Las áreas más afectadas: El impacto se concentra con mayor severidad en los grandes conglomerados urbanos de América Latina (particularmente en Brasil, México y el Cono Sur). En estas zonas, la densidad poblacional y la alta frecuencia de infecciones intrahospitalarias por patógenos con resistencia extendida (como Klebsiella pneumoniae resistente a carbapenémicos y Staphylococcus aureus resistente a meticilina – SARM) elevan la tasa de letalidad en unidades de cuidados intensivos a niveles críticos.
La situación en Panamá: Diagnóstico bajo el enfoque «Una Sola Salud»
Panamá se encuentra en una encrucijada compleja frente a la RAM debido a su naturaleza de hub logístico y de tránsito. Consciente de esto, las autoridades sanitarias (MINSA), junto al Comité Técnico Nacional contra la Resistencia Antimicrobiana y con el respaldo de la OPS, han impulsado simposios de alto nivel científico enfocados en la estrategia «Una Sola Salud» (One Health), reconociendo que la salud humana, la sanidad animal (coordinada con el Ministerio de Desarrollo Agropecuario) y el medio ambiente son vasos comunicantes.
- El desafío clínico institucional: Datos de la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas confirman que el principal reto en Panamá radica en resguardar la eficacia de los tratamientos actuales frente a un incremento sostenido de perfiles de resistencia bacteriana en infecciones comunes del tracto urinario y respiratorio a nivel comunitario, lo que encarece la canasta de medicamentos esenciales y satura las camas de segundo y tercer nivel de atención.
- Intercambio de cooperación: Para mitigar esta carga, Panamá formalizó misiones de cooperación Sur-Sur (asistido por países como Argentina) destinadas a implementar Programas de Optimización de Antimicrobianos (PROA) en hospitales clave, buscando frenar la prescripción empírica inadecuada.
2. Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD): El rostro de la inequidad
Las ETD (como la enfermedad de Chagas, la leishmaniasis, la lepra y las geohelmintiasis) no compiten en los algoritmos de las redes sociales porque afectan de manera casi exclusiva a quienes no tienen voz pública: poblaciones indígenas, comunidades rurales dispersas y cinturones de miseria urbana. La OPS recuerda continuamente en sus foros regionales que estas patologías no son meras estadísticas; representan el fracaso de los determinantes sociales de la salud.
Radiografía epidemiológica en las Américas
- Población bajo riesgo: Más de 200 millones de personas en las Américas viven en áreas de riesgo para al menos una ETD.
- Enfermedad de Chagas: Ocasionada por el parásito Trypanosoma cruzi, se calcula que existen cerca de 6 millones de personas infectadas en el continente. El foco de desatención más grave es la transmisión maternoinfantil (Chagas congénito), donde el objetivo regional es tamizar al 100% de las embarazadas en zonas endémicas, buscando curar a más del 90% de los neonatos infectados antes de que desarrollen cardiopatías irreversibles en la adultez.
- Las áreas más afectadas: El Gran Chaco (Bolivia, Paraguay y Argentina) y las regiones andinas y amazónicas de Perú y Colombia concentran la mayor carga vectoriada de Chagas y leishmaniasis cutánea y mucocutánea.
El escenario de Panamá: Entre la selva del Darién y las Comarcas
En el contexto de las ETD, Panamá presenta un perfil epidemiológico singular dictado por su geografía y sus dinámicas migratorias:
- Leishmaniasis y Chagas: Áreas como la Comarca Ngäbe-Buglé, regiones montañosas de Coclé y sectores rurales de Panamá Oeste y Colón mantienen una endemicidad histórica de leishmaniasis y Chagas, ligada fuertemente a las condiciones de las viviendas rurales (techos de paja, paredes de quincha) que favorecen el nicho de los vectores (Lutzomyia y triatominos, conocidos localmente como «chinches»).
- El factor migratorio y nuevos vectores: La provincia de Darién y Panamá Este operan actualmente como un epicentro de alta complejidad epidemiológica. El flujo migratorio irregular a través del Tapón del Darién no solo expone a los migrantes a ETD endémicas, sino que ha catalizado la aparición y dispersión de otros agentes transmitidos por vectores de alerta regional, como el Virus Oropouche (con cientos de casos confirmados acumulados, principalmente concentrados en los distritos de Pinogana y Chepigana). Esta presión obliga a los equipos de epidemiología de campo a dividir sus limitados recursos entre el bloqueo de virus emergentes y el control de enfermedades crónicas desatendidas.
Conclusiones para la gestión sanitaria: El costo del olvido
El análisis de la comunicación en salud pública demuestra que lo que no se nombra, no existe en el presupuesto. Si las Américas continúan enfocando sus sistemas de vigilancia únicamente en respuestas reactivas ante brotes epidémicos agudos (como el sarampión), el tejido estructural de la salud colectiva terminará por ceder.
Para los tomadores de decisiones, directores médicos y planificadores de políticas públicas de la región, la ruta crítica exige descentralizar la vigilancia microbiológica a la atención primaria (para detectar la RAM antes de que llegue a las UCI) e integrar el tamizaje y tratamiento de las ETD en los programas regulares de control prenatal y salud escolar. La equidad sanitaria y la seguridad epidemiológica del continente dependen de nuestra capacidad para hacer visibles estas crisis invisibles.
Médico epidemiólogo. Jefe del Depto de Salud y Atención Integral de la Población MINSA. Director médico corporativo en MiniMed Corp.





