
En el imaginario colectivo, Panamá es sinónimo de un Canal interoceánico, un centro bancario y una silueta urbana moderna. Sin embargo, a pocos kilómetros de la capital, y a veces dentro de sus propios cinturones periurbanos, persiste una realidad epidemiológica que no sale en las postales turísticas: las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).
Estas no son enfermedades del pasado, ni mitos rurales. Son un conjunto de 21 patologías (según la última actualización de la OMS) que afectan a más de mil millones de personas en el mundo, perpetuando un ciclo cruel de pobreza, discapacidad y estigma. En Panamá, conviven con nosotros, silenciosas pero devastadoras y dado que el 30 de enero se conmemoró el día internacional para la concientización de las ETD detallo información relevante al respecto.
¿Qué son y por qué las llamamos desatendidas?
Las ETD son enfermedades infecciosas —virales, bacterianas y parasitarias— que prosperan donde el agua potable escasea, el saneamiento es deficiente y el acceso a la salud es limitado. Se les etiqueta como desatendidas porque, históricamente, no han sido una prioridad en la agenda global de I+D farmacéutica (investigación y desarrollo). A diferencia de enfermedades rentables, las ETD afectan a las poblaciones más vulnerables, aquellas con menos voz política y económica.
La lista global es extensa e incluye desde la lepra y la rabia, hasta la reciente inclusión del Noma, una gangrena facial fulminante que es considerada el marcador biológico de la pobreza extrema. Si bien el Noma es raro en nuestra región, su existencia nos recuerda que la inequidad social es el caldo de cultivo perfecto para estas tragedias.
El mapa de la enfermedad en Panamá
En nuestro istmo, la geografía tropical y la desigualdad socioeconómica crean el nicho ecológico ideal para varias de estas afecciones. No podemos hablar de salud pública en Panamá sin mencionar a los cuatro jinetes locales de las ETD:
- Leishmaniasis (La «picada de bejuco«):
Es quizás la más emblemática del interior del país. Causada por un parásito y transmitida por una chitra (Lutzomyia), esta enfermedad deja cicatrices físicas y psicológicas imborrables. En zonas de Coclé, Colón, Panamá Oeste y, sobre todo, en nuestras comarcas indígenas, ver lesiones cutáneas que no sanan es una realidad cotidiana para agricultores y niños. No es solo una herida; es una barrera para la vida social y laboral.
- Enfermedad de Chagas:
Panamá tiene una particularidad epidemiológica: el Chagas aquí no solo se transmite por la picadura de la chinche, sino que hemos documentado brotes por transmisión oral (consumo de jugos o alimentos contaminados). El parásito ataca silenciosamente el corazón y el sistema digestivo. Vivir cerca de la palma real (el hogar de nuestro vector local, Rhodnius pallescens) en zonas como La Chorrera o la Ribera del Canal, implica un riesgo latente que a menudo se ignora hasta que el daño cardíaco es irreversible.
- Dengue y Arbovirosis:
Aunque a veces se trata como una categoría aparte por su magnitud, el Dengue es una ETD clásica. En nuestras ciudades, la acumulación de basura y agua estancada convierte a barrios enteros de San Miguelito y la capital en criaderos de Aedes aegypti. No es solo una fiebre rompehuesos; es un fallo sistémico en nuestro manejo de desechos y urbanismo.
- Accidentes Ofídicos (Mordeduras de serpiente):
La OMS reconoció el envenenamiento por mordedura de serpiente como una ETD prioritaria. En el Panamá rural, una mordedura de terciopelo (Bothrops asper) no es un accidente fortuito, es un riesgo laboral para quien trabaja la tierra. La distancia entre una finca en Veraguas y el suero antiofídico más cercano marca la diferencia entre la vida, la muerte o la amputación.
La vacuna es la equidad
Combatir las ETD en Panamá no requiere tecnología de ciencia ficción. Requiere, fundamentalmente, voluntad política y educación ciudadana.
La ciencia panameña, liderada por instituciones como el Instituto Gorgas, hace una labor titánica en vigilancia e investigación. Pero la ciencia sola no basta. La erradicación de estas enfermedades depende de:
- Saneamiento básico: Agua potable y gestión de residuos para eliminar vectores.
- Vivienda digna: Pisos de cemento y techos seguros para evitar la entrada de chinches y roedores.
- Educación: Que la población sepa que una fiebre prolongada o una úlcera que no cierra requiere atención inmediata, no remedios caseros.
Las Enfermedades Desatendidas son un espejo de nuestras deudas sociales. Mientras un niño en la Comarca Ngäbe-Buglé sufra de parásitos que le impiden aprender, o un agricultor en Capira pierda su sustento por una leishmaniasis mal curada, Panamá no podrá presumir de un desarrollo pleno.
Es hora de que estas enfermedades dejen de ser desatendidas para convertirse en prioritarias. «La salud de una nación no se mide por sus hospitales privados de lujo, sino por la ausencia de enfermedades prevenibles en sus comunidades más humildes».
*Médico epidemiólogo y salubrista. Jefe del departamento de Salud y Atención Integral de la Población-MINSA. Director médico en MiniMed Corp.



