Nehemías Jaén: «El problema no es China, somos nosotros»

Nehemías Jaén analiza las relaciones China Taiwán Panamá y advierte sobre la debilidad institucional del país. Un debate sobre política exterior y geopolítica.
Nehemías Jaén: «El problema no es China, somos nosotros»

REDACCIÓN | Panamá en Directo

Panamá | septiembre 28, 2026 09:03 UTC-5
PANAMA EN DIRECTO - Nehemías Jaén: «El problema no es China, somos nosotros»

Nehemías Jaén no anda con rodeos. El sinólogo panameño, con dos décadas de experiencia entre China continental y Taiwán, llegó al estudio de Gonzalo Melisa con un diagnóstico incómodo: Panamá no tiene un «modelo panameño» de relaciones exteriores. Lo que existe es desorden, contradicciones e inconsistencias que China ve con claridad, aunque no sea ese el problema central.

«El modelo panameño en su relación con China y con Taiwán no existe», afirmó Jaén de entrada. Y cuando Melisa le cuestionó si acaso China no entiende cómo funciona el sistema de gobierno panameño, Jaén fue directo: «No es que no entiendan cómo funciona nuestro país. Es que no hay consistencia de cómo funciona el país. Son dos cosas totalmente distintas».

El punto central del debate giró en torno a una pregunta que atraviesa toda la política exterior panameña: ¿qué quiere realmente Panamá con China y Taiwán? Y más allá, ¿cómo se negocia con dos potencias globales cuando el país carece de institucionalidad sólida?

La decisión de 2017 y sus consecuencias

Jaén fue crítico con la decisión del presidente Juan Carlos Varela de establecer relaciones diplomáticas con China en 2017. «No era el momento», sostuvo. Pero lo que más le preocupa es lo que pasó después: el cambio de ritmo bajo la administración Cortizo.

«Varela estableció las relaciones diplomáticas con China. Listo. Pero en mayo de 2020 gana Cortizo. ¿Qué hace? Le saca el pie del acelerador a las relaciones con China», explicó. Esa desaceleración no fue casual. Fue, según Jaén, la primera señal de una nueva estrategia estadounidense donde la seguridad se convirtió en el eje central de todas las políticas: económica, comercial y diplomática.

Luego llegó Mulino, quien intentó normalizar la relación. Pero entonces Trump regresó a la Casa Blanca, y con él, una volatilidad sin precedentes. En su discurso de toma de posesión, Trump mencionó a Panamá seis veces. «Si nos menciona una vez estamos en problemas. Nos mencionó seis veces», recordó Jaén con una mezcla de ironía y preocupación.

El triángulo Panamá-China-Estados Unidos

La relación entre Panamá, China y Estados Unidos no es bilateral, es triangular. Y el Canal de Panamá, aunque sea el punto más visible, no es el único tema en juego. Jaén insistió en que Panamá debe definir cuáles son sus fortalezas más allá del canal para poder negociar desde una posición menos vulnerable.

«Panamá, este gobierno y los demás gobiernos anteriores simplemente no han sabido cómo definir cuáles son esos puntos más allá del canal frente a la relación con Estados Unidos», señaló. Y agregó: «Así entendería Panamá cuáles son sus monedas de cambio con Estados Unidos, sus puntos a favor para poder negociar con ellos».

El problema es que Panamá parece estar pendiente de cada movimiento de Washington, cada decisión de Trump, cada gesto diplomático entre Xi Jinping y el presidente estadounidense. «Nuestro pulso, el pulso de la nación no puede depender de que decida, que haga o que diga este personaje líder global», enfatizó Jaén.

El golpe económico de China: los buques de bandera panameña

Uno de los puntos más concretos del debate fue el impacto económico de las tensiones con China. Según datos publicados por la revista Seatrade, una de las publicaciones marítimas más prestigiosas del mundo, ha habido una correlación directa entre las inspecciones y detenciones de China contra buques de bandera panameña y la disminución del tonelaje registrado en Panamá.

El registro de buques de Panamá genera aproximadamente 500 millones de dólares anuales para el Tesoro Nacional. Si esa cifra se ve reducida por represalias chinas, el impacto es significativo. «China pareciera que nos entiende más a nosotros. Lo voy a decir de esa forma, casi como un trabalenguas. Y han sabido cómo golpearnos», reconoció Jaén.

Pero aquí surge una pregunta incómoda: si China puede hacer esto, ¿qué podría hacer Trump? Jaén fue claro: «Si vamos a hacer proyecciones en base a un radicalismo, que es lo que ha demostrado Donald Trump, definitivamente que sí, nosotros tendríamos que tener miedo a todo».

El grupo parlamentario con Taiwán: un error táctico

La conformación de un grupo de amistad parlamentaria entre diputados panameños y el Yuan Legislativo de Taiwán fue, para Jaén, un movimiento en falso. No porque Panamá no deba tener relaciones comerciales con Taiwán —de hecho, Jaén cree que sí debe—, sino porque se hizo sin coordinación con el Ejecutivo.

«Lo que están haciendo es exacerbando la postura panameña con este país», señaló sobre China. Pero luego fue más allá: «Panamá debe de manera imperante establecer una relación comercial, intercambiar oficinas de representación económica, comercial y cultural con Taiwán».

Sin embargo, eso debe hacerse de forma estratégica, no como un acto de provocación política. Y aquí está el quid: Jaén cree que China jamás rompería relaciones diplomáticas con Panamá si este país abre una oficina comercial en Taipei. «China jamás va a romper relaciones diplomáticas con Panamá. Eso no va a pasar», afirmó con convicción basada en sus 20 años de experiencia en la región.

Lo que sí rompería relaciones sería que Panamá reconociera a Taiwán como país independiente. Eso es una línea roja que China nunca cruzará en su diplomacia.

La debilidad institucional como amenaza real

El diagnóstico más profundo de Jaén fue sobre la institucionalidad débil de Panamá. Cada cinco años llega un nuevo gobierno con una estrategia diferente. Eso no es normal en un país que aspira a ser serio en la escena internacional.

Comparó a Panamá con Chile, un país «inmensamente institucional» que, a pesar de su fortaleza institucional, fue presionado por Estados Unidos en temas de seguridad digital y cables submarinos. «Imagínese Panamá, que no es un país de instituciones fuertes», reflexionó.

La falta de transparencia, la ausencia de consensos políticos reales, la lucha de intereses entre partidos y movimientos —no entre gobierno y oposición, porque «la oposición no existe en este país»— son lo que realmente debilita a Panamá frente a potencias como China y Estados Unidos.

Taiwán, semiconductores y la pregunta sin respuesta

Panamá lanzó con «bombo y platillo» una estrategia nacional de semiconductores y microelectrónica. Taiwán, el mayor productor mundial de chips, tiene inversiones planeadas por encima de 265 mil millones de dólares hacia 2030, principalmente en Estados Unidos. También invierte en India, Singapur, Alemania y Japón.

La pregunta que Jaén planteó es simple pero devastadora: ¿ha calculado Panamá realmente las repercusiones de establecer una oficina comercial con Taiwán? ¿Se ha hecho un análisis de cómo atraer esa inversión taiwanesa en semiconductores? ¿Tiene Panamá el recurso humano necesario?

«Hemos nosotros verdaderamente entendido o calculado y proyectado los pasos a dar con Taiwán siempre y cuando sean de interés para Panamá en la generación de empleo, en la formación de recursos humanos, en la atracción de inversión extranjera directa», cuestionó.

La respuesta implícita es no. Panamá está haciendo política de corto plazo, shows políticos en la Asamblea Nacional, mientras le da la espalda a oportunidades concretas de desarrollo económico.

¿Cómo se le para a Trump?

Melisa presionó a Jaén con una pregunta que muchos panameños se hacen: ¿cómo se le para a Donald Trump? Jaén no eludió la respuesta, pero fue realista.

Recordó que Estados Unidos impuso aranceles a Brasil, metió al juez Alexandre de Moraes en listas de sanciones, y en un tuit del presidente Gustavo Petro, Colombia —gobierno y oposición juntos— tuvo que salir corriendo para evitar una «hecatombe comercial».

«¿Cómo se le para a un señor que tiene al mundo entero en una crisis energética global, que tiene una guerra comercial con China, que tiene un conflicto con Canadá, que se quiere tomar Groenlandia?», preguntó Melisa. Jaén respondió que el problema no es Trump. El problema es que Panamá no tiene una política exterior clara, consensuada y de largo plazo.

«Lo primero que hay que hacer es definir a nivel interno y a nivel político una estrategia. Esto exige cambios a nivel local. Y esos cambios quizás perdurarían más allá de un quinquenio», sostuvo.

El escudo de las Américas y la neutralidad del Canal

Cuando Melisa le preguntó si Panamá debería haber rechazado la invitación a ser parte del «Shield of the Americas» (Escudo de las Américas), una iniciativa de seguridad estadounidense, Jaén fue provocador pero coherente.

«Yo hubiera utilizado esa convocatoria para evitar la entrada de Panamá al grupo y ahí demostrar verdaderamente la neutralidad del Canal de Panamá y la soberanía de la República de Panamá», afirmó. Muchos no estarían de acuerdo, reconoció, pero «basándonos en la naturaleza y la esencia de nuestro país, en la esencia y naturaleza del Canal de Panamá y nuestro rol en el mundo, hubiera sido excelente momento para demostrar la neutralidad del canal».

Esa neutralidad, argumentó, es lo que China realmente busca. No que Panamá sea antiestadounidense, sino que sea verdaderamente neutral, un punto donde el comercio transite sin tensiones políticas.

La inacción política como amenaza

Jaén cerró su intervención con una crítica a la inacción política. Estamos a finales de septiembre, y decisiones cruciales siguen postergadas: la reapertura de la mina de cobre, la relación con Taiwán, la estrategia de semiconductores, la transparencia en el uso de fondos especiales para la protección del Canal.

«No está pasando nada. Punto final», resumió con frustración. Y luego agregó: «Aquí lo que falta es mucha cohesión nacional sobre estos temas. Y yo creo que hace falta verdaderamente que esas posturas ácidas a nivel político desaparezcan».

El mensaje de Jaén es claro: Panamá no puede seguir esperando que otros decidan su futuro. Tampoco puede pretender que Trump desaparecerá en dos años y todo volverá a la normalidad. El país necesita instituciones fuertes, consensos reales, decisiones estratégicas tomadas con visión de largo plazo.

Mientras eso no suceda, Panamá seguirá siendo un actor pasivo en un tablero de ajedrez donde China y Estados Unidos mueven las piezas. Y eso, para un país que controla una de las rutas comerciales más importantes del mundo, es un lujo que no puede permitirse.


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