REDACCIÓN | Panamá en Directo
Panamá | octubre 13, 2026
Mariato, Veraguas, está en crisis humanitaria. Eso es lo que dejó claro Ángel Batista, alcalde del municipio, en una entrevista donde no midió palabras para describir la situación que vive su gente tras el sismo que golpeó la región. El sismo Mariato Veraguas emergencia no es solo un asunto de infraestructura rota: es gente sin agua, sin luz durante 78 horas, sin carpas para dormir, sin baños portátiles, y sin un plan de emergencia visible del gobierno central.
«La situación de Mariato es pésima porque la mayoría de acueductos colapsaron. Las casas están en el piso. La gente no tiene carpas de campaña para dónde pasar la noche», fue el primer golpe de realidad que Batista lanzó. Y luego vino la lluvia, como si el castigo fuera deliberado: «Tras de eso anoche dio este aguacero. La gente no tiene dónde hacer sus necesidades fisiológicas».
Lo que más duele al alcalde no es solo la magnitud de los daños, sino lo que él percibe como indiferencia desde arriba. Cuenta que el presidente pasó volando en helicóptero por Mariato y minimizó lo ocurrido, diciendo que solo había «daños infraestructurales de la carretera y los puentes». Pero Batista sabe que eso es falso. Conoce a su gente, conoce dónde viven, y sabe que muchos están en albergues improvisados, mujeres y niños sin dignidad básica.
El dilema del alcalde: entre la verdad y la acusación de oposición
Hay una frustración que atraviesa toda la intervención de Batista: cada vez que habla claro sobre lo que necesita Mariato, lo acusan de ser oposición al gobierno. «Yo, por decir la verdad, ya piensan que soy oposición al gobierno cuando debe ser lo contrario. Nosotros, los gobiernos locales somos brazos aliados al Estado», dice con una mezcla de indignación y cansancio.
El alcalde subraya un punto crucial: el Estado no tiene el conocimiento granular que tienen los gobiernos locales. No sabe dónde está la barriada más afectada, cuáles son las casas que colapsaron, quiénes son las familias que necesitan ayuda urgente. Eso solo lo saben los alcaldes, las juntas comunales, la gente que vive ahí. Pero esa voz no ha sido escuchada en la formulación de un plan de respuesta coordinado.
Lo único positivo que menciona Batista es la visita del ministro Andrade del Ministerio de Vivienda y su viceministro. Fueron los únicos del gabinete que llegaron a Mariato. Pero una visita no es un plan. Y el sismo Mariato Veraguas emergencia requiere más que buenas intenciones.
La ayuda que no viene del Estado, sino de panameños y extranjeros
Aquí está el nudo de la crisis: Mariato está siendo sostenida por donaciones de ciudadanos, no por el gobierno. Batista lo dice sin rodeos: «Gracias a esos buenos panameños y extranjeros, Mariato tiene algo que poner en la paila». Llegaron dos naves de Lima con bolsas de comida. El alcalde de Chorrera envió un camión con agua y comida. Gente de Chiriquí, de Herrera, de todos lados está aportando.
Pero el presidente, según Batista, politizó esa ayuda. Dijo que el alcalde la había compartido de forma selectiva. «Eso es falso», responde Batista. «La gente atracó a la calle porque no tenían respuesta». Es decir: la gente salió a buscar ayuda porque no había respuesta oficial.
Incluso la presidenta de Costa Rica se comunicó con Batista porque vio las imágenes del desastre. Le preguntó qué pasaba. El Estado panameño, según el alcalde, le respondió que todo estaba normal, que no había necesidad. «Yo tengo los chats de ella», dice Batista, como si quisiera dejar constancia de que esto no es invención suya.
Infraestructura destrozada y un sector agropecuario en riesgo
Los daños van más allá de las casas. Vivienda, acueductos, centros de salud, escuelas, carreteras, vados y puentes. Todo requiere asistencia técnica y recursos que ni la junta comunal ni la alcaldía pueden proporcionar solos. Eso es responsabilidad del Estado.
Pero hay algo más urgente: Mariato es un municipio productor. Arroz, leche, carne, marisco. Es decir, alimentos que van a la mesa de todo Panamá. Los productores están en plena zafra, pero no pueden transitar. Los camiones con arroz no pasan. Las mulas con reses no pasan. El combustible para la estación de gasolina no llega. La Saprop y otras entidades no están permitiendo el paso de articulados.
«Si colapsa el sector agropecuario va a haber hambre a nivel nacional porque la producción viene de los campos de estos municipios productivos», advierte Batista. Y tiene razón. Un municipio que aporta recursos al país no puede estar abandonado sin un plan de reactivación económica.
La impotencia del alcalde y la falta de coordinación
Lo que más duele a Batista es sentirse impotente. La gente lo presiona. Le piden que haga algo. Pero ¿qué puede hacer un alcalde de un municipio subsidiado, sin recursos propios, sin respuesta del gobierno central, sin coordinación de logística?
«Nunca nadie me ha llamado a mí, a mi celular y al municipio para prestar servicio humanitario o coordinación de logística. Cero. Nada», dice. Eso resume todo: no hay comunicación, no hay coordinación, no hay plan.
La alcaldía de Mariato está literalmente en el piso. No se puede entrar. Pero aun así, Batista está coordinando donaciones, dando bolsas de comida, trabajando con gente como Juan José Castillo que está cocinando para los damnificados. «Nosotros ponemos una parte y él pone otra parte. Ahí nos vamos. Y la cosa es que el pueblo no pase hambre».
Señales de recuperación, pero incertidumbre persiste
Al momento de la entrevista, la situación había mejorado parcialmente. La luz se restableció en Mariato, Harina, Quiebra y Paradero después de que cayeran varios postes en Torio. Se puede transitar vía terrestre hasta Arena, Quiebra y Paradero. El Ministerio de Obras Públicas está reparando las vías de Mariato hacia Quiebra.
Pero hay un problema geológico que preocupa: hubo deslaves en las montañas que han alterado el cauce de los ríos. Se está formando una represa natural. Si sigue lloviendo, esa represa podría taponarse y causar inundaciones aguas abajo. Eso requiere vigilancia aérea, control, monitoreo. No es algo que una alcaldía pueda manejar sola.
El agua sigue siendo escasa. Solo llega embotellada. Un carro cisterna ha entrado dos veces a Mariato, pero no es suficiente. La gente está «sobreviviendo», como dice Batista, pero no viviendo.
El llamado final: sensibilidad y respuesta expedita
Batista termina su intervención con un ruego que suena casi como una plegaria: «Necesitamos tener presidentes más sensibles que escuchen la voz del pueblo. La voz del pueblo es la voz de Dios».
Panamá es un país con recursos. No es justo que en 2024, horas después de un sismo, haya gente en albergues sin baños portátiles, sin asistencia médica, sin apoyo psicológico. Hay niños con miedo porque la tierra sigue temblando. Necesitan tratamiento, necesitan alguien que los anime.
Lo que Batista pide no es caridad. Es coordinación. Es un plan. Es que alguien del gobierno central le llame y le pregunte: «Señor alcalde, ¿qué necesita?». Eso no ha pasado.
Gracias a Dios no hubo pérdidas humanas. Pero los daños materiales son reales: vivienda, acueductos, centros de salud, escuelas, carreteras, vados, puentes. Y mientras se espera una respuesta que no llega, Mariato sigue de pie, sostenido por la solidaridad de panameños y extranjeros, no por el Estado.
Eso es lo que dejó claro el alcalde Ángel Batista. Y eso es lo que el país necesita escuchar.








